Gran parte de nuestros recursos hídricos se destinan al riego, una necesidad que crece día a día debido a suelos saturados.
Los campos de cultivo, que han sido tratados con abonos químicos durante años, pueden encontrarse en entornos salinos (proximidades del mar) o recibir riegos con aguas duras. Esto conduce a una saturación del suelo por elementos como cristales de sal, abonos no disueltos y depósitos de cal. Estos obstáculos, que forman capas en el suelo, impiden que el agua penetre profundamente en la tierra -quedándose en la superficie y evaporándose rápidamente- y obstruyen los poros de las raíces de las plantas, reduciendo así su capacidad de absorción. Los cultivos se vuelven menos productivos y requieren cada vez más agua.

RO
EN